(Por Florentino Alcañiz, S.J.)
La Consagración es la práctica fundamental de la
devoción a mi Corazón Divino. Pero, ¡cuánta rutina se observa ya en este punto!
Cuantas personas piadosas están haciendo cada día consagraciones que se
hayan en los libros píos y, sin embargo, no son almas consagradas de verdad:
más bien que hacer consagraciones las rezan, son rezadoras de consagraciones.
Oye, hijo mío, en que consiste la Consagración
completa, según yo mismo enseñe a mis amigos más íntimos, según ellos lo
explicaron en sus diversos escritos, y según lo dejaron confirmado con su
ejemplo.
UN PACTO
También contigo desearía hacer este pacto. No
temas salir perdiendo, pues en los tratos con mis criaturas, soy tan
condescendiente y benigno, que cualquiera pensaría que me engañan. Además es un
convenio que no te obligará de suyo ni bajo pecado mortal, ni venial. Yo no
quiero compromisos que te ahoguen; QUIERO AMOR, GENEROSIDAD, PAZ; no
zozobras y apreturas de conciencia.
Ya ves que el pacto tiene dos partes; una que me
obliga a Mí y otra que te obliga a ti. A Mí cuidar de ti y de tus intereses; a
ti, cuidar de Mí y de los míos. ¿Verdad que es un convenio muy dulce?
Primera parte del
pacto, de la Consagración:
Para Yo poder cuidar de ti es necesario que alma,
cuerpo, vida, salud, familia, asuntos, en una palabra, todo, lo remitas
plenamente a la disposición de mi Providencia y que me dejes hacer. Yo quiero
arreglarlas a mi gusto y tener las manos libres. Por eso deseo que me des todas
las llaves, que me concedas licencia para entrar y salir a mi conveniencia; que
no andes vigilándome y examinando lo que hago, que no me pidas cuentas, ni
explicaciones aunque no entiendas o pienses que actuó en detrimento tuyo,
aunque tengas muchas veces que ir a ciegas, te consolará el saber que te hayas
en buenas manos. Y cuando ofreces tus cosas no ha de ser con el fin de que te
las arregle a tu gusto, porque eso ya es ponerme condiciones y proceder
interesadamente, sino para que me dejes proceder como dueño y Rey, aunque a
veces mi determinación sea dolorosa para ti. Tú no ves sino el presente, Yo veo
lo por venir; tú miras con microscopio, Yo con telescopio de inconmensurable
alcance; soluciones que parecerían felicísimas, son desastrosas. Además
debo probar tu fe y confianza en Mí y hacerte merecer gloria, permitiré con
intención deliberada, el trastorno de tus planes.
Más con esto no quiero que te abandones a una
especie de fatalismo quietista y descuides tus asuntos interiores. Debes seguir
como ley aquel consejo que os dejé en el Evangelio: “Cuando hubiereis hecho cuanto
se os había mandado, decid: siervos inútiles somos”. Debes en cualquier asunto
tomar todas las diligencias que puedas, como si el éxito dependiera de ti solo,
y después decirme con humilde confianza: Lo demás es cosa tuya. Y luego desecha
toda inquietud con el reposo de un lago en una tranquila tarde de otoño.
Segunda parte del
pacto, de la Consagración:
Hijo mío, hemos llegado con esto al “cuida tú de
mi honra y de mis cosas”. Esta es la parte para ti más importante, porque en
rigor es la propiamente tuya. La anterior era la mía: si en ella te pedí la
entrega de todo es para cumplir la parte del convenio que me toca; más la tuya,
en la que debes poner toda la decisión de tu alma, la que ha de formar el
termómetro que marque los grados de tu amor para conmigo es cuidar de mis
santos intereses.
¿Cuáles son mis intereses?
No tengo otros que las almas; estas son mis joyas y mi amor; quiero, como decía a mi sierva Margarita, establecer el imperio de mi amor en todos los corazones. No ha llegado todavía mi reinado; hay cierta extensión externa en las naciones católicas, pero este reinado hondo, por el cual el amor para conmigo sea quien no de nombre, sino de hecho mande, gobierne e impere establemente en el alma, ese reinado ¡qué poco extendido está en los pueblos cristianos! Faltan apóstoles, corazones que tocados por este divino imán dejen imantados a otros.
¿Cuáles son las maneras de apostolado?
1. La oración es
muy importante, pide al Cielo mi reinado continuamente, al Padre, a Mí, a mi
Madre… ¿Quién no puede hacer esto? Una muchedumbre de almas lanzando de
continuo estas saetas hacen mella en el Cielo; son moléculas de vapor, que se
elevan, formando nubes, y se deshacen después en lluvia fecunda sobre el mundo.
2. El sacrificio: Primero
pasivo, ¡cuántas
molestias, disgustos, malos ratos, sinsabores, pequeños o grandes, suelen
sobrevenir a todos, como me sobrevinieron a Mí, a mi Madre, a los santos!
Pues bien, todo eso, llevado en el silencio, con paciencia y aun con alegría,
ofrecido para que reine es un apostolado muy rico. La cruz es fuente de
salvación. En segundo lugar, activo o de mortificación; procura habituarte al
vencimiento frecuente en cosas pequeñas. Te apetece un helado, no lo tomes,
quisieras mirar al primero que entra por la puerta, no lo hagas, te culpan por
algo que no has hecho y no hay perjuicio, cállate, etc… todo porque Yo reine.
Ya ves, ¡qué campo de apostolado se presenta ante tus ojos, este sí que es eficaz!
3. Ocupaciones diaria:
Muchas dicen que no pueden trabajar por el reinado del Corazón de Jesús por
estar muy ocupadas, como si los deberes de su estado, las obligaciones de su
oficio y sus quehaceres diarios, hechos con cuidado y esmero, no pudieran
convertirse en trabajos apostólicos. Todo depende de la intención con que se
hagan. Que todas tus obras sean monedas preciosísimas que caigan en el cepillo
que guardo para la obra de mi reinado en el mundo. Esfuérzate, aunque con paz,
por ser cada día más santo, porque cuanto más lo seas, tendrá mayor eficacia lo
que hicieres por mi gloria.
4. La propaganda:
Puedes ayudar a alguna empresa de mi Corazón Divino; recomendar, ganar, si
puede ser a las personas que están a tu alrededor, a fin de que se entreguen a
Mí como te entregaste tú. Y si tienes dificultad en el hablar, un folleto no la
tiene y puedes hacerlos llegar en misión a muchas personas a cualquier punto
del globo. ¡Cuántas almas me han ganado donde menos se pensaba estos misioneros
errabundos!
Si no luchas, no será por falta de armas. No hay
momento en todo el día en que no puedas manejar alguna de ellas. ¡Que hermosa
vida de continuo iluminada por este ideal esplendoroso! ¡Todas las obras del
día selladas con el sello de apostolado! ¡Todas las obras convertidas por el
oro de la caridad!

